22.10.09

I'm doing well

Los junté todos. Los até, espalda con espalda. Apretaron las nucas unas con otras.
Les pegué los párpados con cinta, y les puse gotas para que no se les secaran los ojos.

Soplé la armónica como si gritara. Me dejé caer, y me retorcí en el suelo, sin dejar de tocar.

Me enredé en el cable del micrófono. La tierra se me pegaba en la cara.

El volumen del parlante hacía vibrar el piso y la ventana tapiada.

Soplé hasta desgañitar. Tos de perro por morir, sin dejar de tocar.

Y ellos lo vieron y lo oyeron. La música los fundió, los volvió siameses.

Tenían los ojos como conejos, de tan secos.

Siameses y ciegos.

Demonios.

8.9.09

Haiku

No contamina
quien estruenda sus gases.
Solo se anuncia.

27.7.09

Celoso






Había una vez un joven que estaba muy celoso de una muchacha bastante voluble.


Un día le dijo:
-Tus ojos miran a todo el mundo.

Entonces, le arrancó los ojos.


Después le dijo:
-Con tus manos puedes hacer gestos de invitación.

Y le cortó las manos.


“Todavía puede hablar con otros”, pensó. Y le extirpó la lengua.


Luego, para impedirle sonreír a los eventuales admiradores, le arrancó todos los dientes.


Por último, le cortó las piernas. “De este modo -se dijo- estaré más tranquilo”.


Solamente entonces pudo dejar sin vigilancia a la joven muchacha que amaba. “Ella es fea -pensaba-, pero al menos será mía hasta la muerte”.


Un día volvió a la casa y no encontró a la muchacha: había desaparecido, raptada por un exhibidor de fenómenos.






Historia del joven celoso, de Henri Pierre Cami

6.7.09

En tu pequeña burbuja empañada

Claro que las personas no cambian.
¿Por qué habrían de hacerlo?
Sigo siendo el mismo ingenuo
que cree que los ciegos
sanan de modo espontáneo.
Evidentemente no curan
ni los libros ni los lauros,
ni los cargos ni los birretes.
Un ser oscuro es un vórtice.
Y contra eso, nada.
Ni mi necedad.

2.7.09

F L U


















Eviscerado. Desmantelado el sueño busco reubicarme en el tiempo. Porque no distingo un mes atrás de un año atrás, de seis años atrás. Todo zumba. Las córneas piden piedad. Arde la garganta sin haber gritado. Arden las yemas de los dedos de los pies.

Los nudillos hacen crack. El cuello. La columna. El cuello otra vez hace crack.

En la otra habitación ella duerme.

Yo me aturdo.

26.6.09

Todos tus muertos


















Uno vive la muerte de los artistas con una amargura distinta. Y cuando digo “uno” quiero decir “yo”, los artistas aludidos son aquellos que en algún momento de la vida me han gratificado y lo de la amargura distinta es una manera poco feliz de llamar a esa pena distante del desconsuelo porque el muerto no es pariente ni amigo, pero que a la vez es tan pena que miro en varias páginas de noticias para chequear si el muerto muerto está.


Porque uno se toma atribuciones, y hace letra de su vida los versos de una canción, fabrica apodos en función de personajes de ficción, y hasta simpatiza con el crimen organizado y los médicos misántropos sólo por mérito de los intérpretes del prime time.


Claro que uno se consuela porque sabe que los artistas por definición trascienden el marco temporal, pero uno, que es tonto, se lamenta por un extraño, un ajeno al que le abrimos la puerta de casa incluso cuando no queríamos ver a nadie.


Un amigo, que disfraza estos sentimientos con humor negro, me decía “¿te imagnás la de chistes que hubiera hecho Peña sobre Maicol?”


Pero mi sensación es como el cliché del lector que llega al final del libro. Emoción, algo de gratitud y algo más de vacío.


Una pena bizarra.


Como Peña y Maicol.

24.4.09

antiposto

Porque en realidad es así.

Con cada posteo, lo que haces es desactualizar.

Es anclar.

Tirar una migaja de pan para el camino de vuelta.
(¡Cómo si el viento o las ratas no se llevaran tu migaja de pan!)

Es otra versión de la tan tonta pintada "Fulano estuvo aquí".
(¿Qué idiota pintaría eso?)


. . .


Con cada posteo pasás a letra
las cosas para poder leerlas
y así saber
que eso que hacías
puede ser inútil incluso
hasta para una ficción de poca estofa.


. . .


No me digas nada.

Escribilo.

Y yo me llevo lo que escribiste.

Prefiero tirarlo cuando te hayas ido
que mentir que te escucho
frente a frente.